Ha culminado un proceso electoral presidencial en Venezuela, en un
ambiente de concordia y paz. Ello es de por sí altamente positivo. En
los últimos meses hubo una materia de opinión mediática internacional
que promovió la idea de un desenlace violento de confrontación entre la
oposición liderada por el candidato presidencial Henrique Capriles
Radonski y el actual presidente Hugo Chávez Frías. Afortunadamente el
pueblo venezolano demostró no sólo una gran madurez política, sino una
compostura cívica digna de ser emulada por otras naciones.
Al que esto escribe le correspondió actuar como Observador Electoral
Internacional, desplegado aquí en Maracaibo, Venezuela. Mi experiencia
personal y el envolvimiento como observador incluyó la supervisión de
mesas electorales, las conversaciones informales con las y los votantes
en las colas de votación y aguardar los resultados de la votación.
La supervisión en la escuela Negra Hipólita aquí en la Parroquia
Domitila Flores se inició muy temprano en la mañana. Fui recibido por la
presidenta de dicho centro de votación quien luego de revisar mis
credenciales me dio una cordial bienvenida. Pude observar cada detalle
del proceso de votación propiamente. Cada votante aguarda su turno con
cédula de identidad en mano. Procede inicialmente a corroborar con la
“capta huellas”, dispositivo que certifica y comprueba la huella
dactilar. Una vez autorizado el elector o electora procede a la
computadora que contiene las fotos de los candidatos y candidatas. Al
oprimir su preferencia el votante observa la imagen de su escogencia en
la pantalla, y procede a votar. La máquina de votación imprime un recibo
de votación en que el o la votante verifica que ha votado. Entonces, se
procede a depositar el recibo en la urna. Finalmente, se firma junto
con la huella dactilar y el número de cédula la verificación de que se
ha votado, procediendo a impregnar el dedo pulgar con tinta indeleble.
El proceso es transparente y rápido, y sumamente confiable.