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jueves, 20 de diciembre de 2012

La Navidad como Contextualización


Reflexiones sobre el Prólogo del Cuarto Evangelio (Juan 1:1-18)
Juan Stam

Por Marshmir (Trabajo propio) [CC-BY-SA-3.0
 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], undefined
Ningún texto del Nuevo Testamento capta la maravilla de la Navidad mejor que el prólogo del cuarto evangelio: "El Logos (la Palabra) era Dios... y aquel Logos fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Jn 1:1,14). ¿Puede haber una expresión más hermosa, y a la vez más profunda, del significado del nacimiento del Hijo de Dios como hijo de María e "hijo de hombre"?

Extraña mucho la identificación de Cristo como "el Logos" en el prólogo de un libro en cuyas páginas nunca se vuelve a llamar por ese título, y más porque Jesús mismo, según los evangelios, nunca se llamaba así. Nos sorprende también que este evangelio mismo no elabora la verdad tan importante del "hacerse carne" del Hijo eterno. El cuarto evangelio se conoce como el evangelio que más afirma la deidad de Cristo, pero no tanto su humanidad física (su "carnalidad" material).

El Dios que quiso ser bebé

(Una meditación navideña)
Juan Stam


By Koppchen (Own work) [CC-BY-3.0
 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0)],
via Wikimedia Commons
Para los que creemos profundamente en la deidad de Jesucristo y estamos convencidos de que él era (y es) Dios, nos resulta algo difícil reconocer también su plena humanidad. La primera herejía cristológica, que el Nuevo Testamento asocia con el Anticristo, es la de negar que Jesucristo ha venido en carne (1 Jn 4:3; 2 Jn 7). Aunque nos pueda parecer muy espiritual y santo exagerar exclusivamente el carácter divino de Jesús y minimizar o negar su humanidad, y muchos tenemos algo de esa tendencia, de hecho es un error gravísimo. El Nuevo Testamento enseña que Jesús es tan Dios como el Padre, pero también tan humano como cualquier de nosotros. De hecho, más humano, porque no tenía nada del pecado que nos deshumaniza a nosotros.

Cuando Juan 1:14 declara que "el Verbo fue hecho carne", al escoger la palabra "carne" enseña en una forma muy enfática la plena identificación de Cristo con nuestra humanidad. El término "carne" sugiere nuestra debilidad como seres humanos, nuestra vulnerabilidad y aun nuestra inclinación hacia el pecado. Y esa es la naturaleza humana que el Verbo eterno quiso asumir al nacer entre nosotros. No nació con alguna naturaleza humana privilegiada, inmune a la tentación y las angustias de nuestra vida humana, como una especie de "Superman" o ángel divino que sólo aparentaba ser humano. Él era realmente humano, era "carne".