Por Carmelo Álvarez
A la memoria de José Míguez Bonino, por su discernimiento y sabiduría.
Hoy se cumplen 50 años del inicio del llamado Concilio
Ecuménico Vaticano II. La visión del Papa Juan XXIII y su insistencia en
llevarlo a cabo tuvo un impacto histórico que todavía nos desafía. La
sabiduría de proponer un “aggiornamento”, la puesta al día de la iglesia
con los tiempos cruciales y llenos de interrogantes del siglo XX fue un
gran acierto.Me gustaría comentar brevemente en este escrito cuatro dimensiones sobre el impacto de este gran evento ecuménico en Latinoamérica y el Caribe: el contexto histórico de aquella década tan convulsionada y agitada, el impacto bíblico-teológico de este Concilio Ecuménico en la teología latinoamericana de la liberación y en todo el cristianismo, el impacto en movimientos ecuménicos de inspiración protestante y la fundación de dos entidades muy prominentes en el escenario eclesiológico latinoamericano y caribeño: la fundación de la Fraternidad Teológica Latinoamericana y la fundación del Consejo Latinoamericano de Iglesias.